En posts anteriores, comenté que para comprender un problema [el de la puerta por ejemplo] era preciso no querer cambiarlo, dejarlo expresar.
Bueno, eso es así, pero tiene un matiz importante, que hace que el problema no se arrastre eternamente... [mi caso]
Cuando surge el miedo, al hacer algo, eso puede provocar una cadena de pensamientos que te pueden llevar a hacer algo una y otra vez [ el ejemplo de la puerta ]. En mi caso no ejercía control a posta, para intentar "comprender" el problema.
Por un lado no hay que ejercer control sobre lo que surge, y por otro lado, cuando surge el miedo, la sensación que sea, dejarla surgir COMPLETAMENTE, sin que haya una reacción mental posterior, eso significa que no haya distancia entre el observador y lo observado. Es decir, en otras palabras, no hay que ejercer ABSOLUTAMENTE ningún control, en ningún nivel. Ese era mi fallo. Daba absoluta libertad al problema, pero por otro lado, no dejaba aflorar del todo el miedo, es decir, lo hacia a "medias" bien; había una "resistencia" a la "sensación", y al repetir el acto una y otra vez, eso servia para "mitigar" la sensación... Y así se arrastraba eternamente...
Como lo pondría en palabras? Es como tirarse al vació de lo desconocido... Al no poner resistencia a "lo que surge" en ese momento, lo que surge se desarrolla del todo y muere. Al oponer resistencia, el problema se arrastra y con ello también el ego. Ya que el ego, es en última instancia la "resistencia" al problema, la resistencia a lo que surge en este momento, la distancia entre el observador y lo observado.
Al dejar que las cosas o vivencias, nazcan y mueran en el mismo instante, se van produciendo "espacios" cada vez mayores entre los pensamientos o sensaciones. Esos espacios, donde la mente sólo "percibe" la "nada", es la consciencia "pura" en realidad, lo que la mente no puede tocar y lo que al mismo tiempo es el sostén de la mente y de toda la realidad...
Con suerte, ese espacio que se forma entre pensamiento y pensamiento, puede tomar consciencia de si mismo, rompiendo el espejismo de la individualidad que la mente proporciona.