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viernes, 4 de noviembre de 2011

la realidad arremete una y otra vez, pero el "yo" no la deja hablar.

Dice algo muy simple, es tan simple, que no lo queremos escuchar...

La realidad dice que no hay controlador que controle nada. Eso se manifiesta de 1000 formas diferentes, pero es rehusado de 1000 formas diferentes...

Asumir esa realidad, es el fin de uno mismo, de lo que uno cree ser, y de lo que uno cree controlar...

Vivimos en el corredor hacia la muerte, pero en vez de en una cárcel física es una cárcel mental, construida por nosotros mismos para que nos sintamos lo mas cómodos posibles, repleta de lo que nos hace sentir "algo" y "alguien", y por lo tanto nos da la "falsa" sensación de estar vivos: miedos, ansiedades, placeres, deseos, ilusiones,... Todo bien amueblado, y bien apilado contra la ventana, para que no pase ni un rayo de luz.

Pero inevitablemente, si uno esta minimamente abierto, se abren grietas, se tambalean las emociones, que intentan tapar la luz de la ventana y finalmente un rayo de luz, fugaz, logra en-cegarnos por un instante... Sólo ha sido un instante...